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LOS MIJUELOS DE QUICA Y GENARA

Cuando niño, allá por los años 1958 al 1960, año arriba o año abajo podría ser, nuestras vidas en Espinama eran muy diferentes a las de hoy.

No había súper, ni cafeterías, eran cuatro bares que se llamaban tiendas donde se vendía un poco de todo y un estanco.

Conocí las cuatro, dos de ellas cerradas, la de tío Segundo y tía Gabina, en Quintana y la del puente de Pido, los padres de Guillermina. En ésta creo estuve de muy chico con mi padre y/o abuelo funcionando todavía en un San Roque y en la del tío Segundo ya cerrada del todo, jugábamos entre las estanterías, cajas de lejía La Luz, el mostrador, balanzas y otros elementos y productos que quedaron al cierre del negocio, entre ellos un chocolate Horno San José, de papel azul y blanco muy duro de roer y muy rancio, a saber los años que tenía porque su color era blanquecino y nos lo comíamos igualmente, Mimi, José y yo en los mataciles del chon del tío Segundo.

Por tanto solo quedaron abiertas por entonces la Tienda del Rusu o Vicente Campo y la de Rubín que hoy es la de Máximo. Poco después hizo la Cafetería de Bodegas Peña Vieja, Mari Sopelana.

En estas se vendía muchas cosas, pero fruta solo recuerdo por navidades alguna mandarína o naranja y plátanos; además de unas cajas de madera de uvas pasas de moscatel y otra de higos pasos que ahora sé que son turcos, en ristras como rodillos alargados; cada higo era como una ruedecita. Recuerdo que te vendian por una peseta 10 higos riquísimos o un cucurucho de papel de estraza de uvas pasas por el mismo importe. Entonces nos pagaba Don Jesús el cura 2 pesetas por ayudar a misa, por lo que teníamos algo de dinero para estas compras.

Total, a lo que vamos, al no existir frutería, en verano teníamos un servicio de venta de fruta que se parece mucho al de hoy, tan sólo cambia la variedad, la cantidad y el medio de transporte, ahora camiones o furgonetas con altavoces... y surtidos con la fruta de temporada.

Pues bien, en verano llegaban con un borrico pequeño cargado con dos cuévanos llenos de mijuelos y/o melocotones, una señora llamada Quica, creo era de Turieno y otra llamada Genara más joven y creo de Pembes. Para nosotros otra pequeña fiesta porque había diversión siguiéndolas por todo el pueblo para intentar cogerle algún mijuelo principalmente. Y como eso no ocurría inventamos un modo de conseguirlo con propina.

Verán, era cuestión de conseguir una caja de cerillas y pasarnos los días recogiendo moscas borizas de las entrepatas de vacas y/o caballerías hasta llenarlas bien y tan sólo quedaba esperar a que llegase el día de la semana en que apareciese por allí la buena de Quica con su borriquita y seguirla por todo el pueblo y con disimulo, mucho disimulo, abrir la caja de moscas borizas (así las llamaban por Espinama), entre sus patas traseras y esperar se pusiera nerviosa la borrica y tirara la carga y así poder ayudarle a recoger los mijuelos por el suelo y entre col y col comer rápido y llenar los bolsillos... La verdad es que no siempre funcionaba, pero éramos persistentes a más no poder... Se pueden imaginar... cómo íbamos mejorando la técnica porque también nos lo ponía más complicado cada vez, a sabiendas de lo que pasaba cuando andábamos cerca. Con Genara era más complicado, era mucho más joven y se defendía mejor que Quica, pero no por eso abandonábamos el intento y si no había premio nos metíamos con la pobre mujer; los niños somos muy crueles, pero es lo que hacíamos.

De ello no me siento nada orgulloso.

Pocos años después hubo frutería y carnicería en Espinama; la montó tío Ángel Alonso y tía Paula, el la última casa del barrio de La Posada camino de Igüedri y a orillas del Nevandi.

Chuchi Quina 30/10/2023

Nota: La ilustración está tomada de este libro del siglo XIX.

© Gabino Santos, 2023