Imagen
Imagen


Imagen
ESPINAMA EN ROMERÍA

Hoy San Esteban, 26 de diciembre 2021 en pandemia.

Nací en un hermoso pueblo, en las estribaciones muy pendientes de un valle estrecho y bajo frondosos bosques de roble y haya, coronados por inmensas moles de rocas calizas, blanquecinas en días de sol y oscuras en días de lluvia. La más importante, próxima y llamativa se llama Valdecoro, es tan imponente que parece estar sobre nuestros tejados del barrio de La Posada, camino de las majadas de La Serna y de Igüedri.

Recorren este pueblo dos ríos, Deva y Nevandi que en estos días van bien cargados de agua que baja de los puertos de Áliva, Remoña, Somo, La Vega Arriba, Salvorón y de la majada de Fuente Dé, donde hoy hay un gran centro turístico a nivel nacional y su Parador de Turismo, el Hotel El Rebeco, cafetería, etc etc.

Pues bien, hoy se celebraba allí su fiesta patronal, "la romería", día de júbilo para todos, desde nuestros abuelos a padres, por supuesto mozos y chavales, coincide con un tiempo en el que hay más tiempo libre por ser un pueblo de alta montaña que su economía es la ganadería y una agricultura de subsistencia. Por tanto ahora solía estar completamente cubierto de nieve que en abundancia caía cuando yo era niño, alcanzando hasta un metro de altura, de este modo nada se podía hacer en el campo y eso sí, había que atender al ganado que estaba guardado en sus cuadras, dándoles de comer, beber, además de barrer las boñigas cada día al menos dos veces y por supuesto, ordeñar dos veces al día también.

De cualquier manera sobraba algo más de tiempo y era buen momento para este día ponernos las mejores galas de abrigo, ir a la misa del patrón como si fuera domingo, tomar algo entonces en cualquiera de las dos tabernas existentes, Vicente Campo o Casa Máximo o también en una especie de cafetería, la más moderna por reciente llamada Bodegas Peña Vieja, después subir al salón utilizado por los mozos para el baile en la Obra Pía donde los músicos tocaban hasta la hora de comer, si bien en el salón estábamos más bien la chiquillería haciendo el ganso, corriendo, jugando a te la llevas, tirando petardos y chillando.

En los primeros años que recuerdo hubo música para dos edades, para los mayores con unos piteros de flauta y tambor y los mayores incluidos padres se marcaban sus buenas jotas típicas, normalmente en la mañana y una orquesta compuesta por una batería y un acordeón que en alguna ocasión tuvo hasta vocalista, cantante del grupo, pero las más cantaban los dos músicos. Los que más conocí de piteros creo llamarse Bosio y Martín o algo así y en orquesta, Picos de Europa o Los Camijanes; de estos últimos, el batería era sordo y cuando querían finalizar la pieza, el del acordeón le daba con el pie al batería un golpecito que le recordaba los acordes de final, finalizaba bruscamente a veces, pero bien.

En las cocinas de las casas olía a suculentos manjares que nuestras madres preparaban con esmero, se ponía una mesa bonita con el mejor mantel, la mejor vajilla, la mejor cubertería y cristalería, servilletas bordadas por madres, tías o hermanas mayores, no podía faltar detalle. Como era el mes de las matanzas siempre podía haber sangre para hacer unos merdosos de postre, chanfaina, especie de sopa potente, lleva principalmente mantequilla de vaca, hígado cocido y rallado, bacalao con tomate, carne de cordero asada, tarta de galletas y capas de varios elementos, arroz con leche, antes queso asturiano o picón, dependiendo del lugar de su compra, unas veces cuadraba a las asturianas que bajaban de Sotres antes de las nieves y otras en el mercado de Potes los lunes a los de Bejes y Tresviso, café, té de puerto, orujo lebaniego, coñac veterano o fundador, anís para las mujeres del Mono o Castellana, etc.

Había comilona y sobremesa larga, luego al baile hasta la hora de cenar que los músicos hacían descanso, otra gran cena de varios platos, larga sobremesa de mayores y pequeños y la juventud volaba para el baile, unos buscando amor, otros diversión y todos la ilusión de tener un día de ensueño con música de fondo bailando con aquellas guapas mozas arregladas con esmero para la ocasión.

En tiempos de estas romerías nacían los amores que finalmente se convertían en matrimonios.

Este era nuestra romería, nuestra fiesta y nuestro día de asueto y diversión. Qué recuerdos, qué nervios el día anterior, qué alegría vivirlo!

Felicidades para mis paisanos y que disfrutéis de esta "no romería" lo mejor que podáis y un abrazo de vuestro paisano en la distancia.

¡Viva San Esteban y Viva Espinama!

Chuchi Quina. 26/12/2021

© Gabino Santos, 2023