Nace en Espinama el 11 de febrero de 1864. Estudia en la Obra Pía hasta los trece años, momento en que emigra a Cuba, donde comienza a trabajar en "Isaac Rodríguez y Cía", la más importante casa comercial y bancaria de Camagüey.
El propietario de esta Banca, lebaniego de Dobarganes, descubre pronto las grandes dotes de Saturnino, encomendándole la dirección de la razón social. «Tal fue el impulso que le dio que, con solo 23 años de edad, extendió por toda la isla del Caribe las actividades bancarias que dirigía», según escribe Francisco Odriozola Argos en la Enciclopedia de Cantabria, fuente de la que proceden estas notas biográficas.
En 1902 vuelve a Espinama, «pueblo al que favoreció constantemente, así como a cuantos lebaniegos y españoles llegaban a Camagüey», retornando a Cuba pero sólo para preparar su definitivo regreso a España ocurrido en 1904. Se estableció, entonces, en Santander contactando con el Banco de Santander, que le nombró consejero en 1919. A la muerte de Emilio Botín López, en 1923, fue designado presidente del consejo de administración del Banco, cargo en el que se mantuvo durante veintiseis años.
Sus esfuerzos para impulsar el Banco, permitieron que éste rebasara los límites regionales y comenzara a cobrar relieve en la vida económica nacional. A ello contribuyó, según Odriozola, su acierto en la elección de sus colaboradores y en la inversión de fuertes capitales de indianos en empresas de Cantabria.
El Banco de Santander le rindió homenaje, nombrándole Presidente de Honor, el 4 de marzo de 1950, cuando contaba con 86 años.
Saturnino Briz, que fue además consejero de varias sociedades más (entre ellas la minera "Picos de Europa, S.A."), murió en Santander el 31 de enero de 1954.
Añado la necrológica publicada en El Diario Montañés del 2 de febrero de 1954, foto incluida:
«Acaba de desaparecer de la vida santanderina una destacada personalidad que refleja toda una época, que fue decisiva en el futuro de La Montaña. Ha muerto nuestro ilustre paisano don Saturnino Briz Larín, excelente caballero y figura relevante en la economía montañesa.
Pertenecía a la inagotable y benemérita cantera de los que forjaron su personalidad en América, de quienes un perspicaz dirigente mejicano decía que eran los mejores embajadores de España.
Don Saturnino Briz emigró a Cuba, desde su pueblo natal de Espinama, a los trece años. Cuando apenas había cumplido los 23, dirigía la más importante Casa de Banca de aquella isla.
A principios de siglo regresó a España, y su extraordinaria capacidad y su talento los puso al servicio del Banco de Santander, del que fue consejero desde 1919 hasta 1923, en que se le designó presidente del Consejo de Administración.
Durante más de un cuarto de siglo, ininterrumpidamente, consagró sus actividades al Banco y su gran personalidad se proyectó sobre la Montaña en diversas Empresas, logrando por la confianza que inspiraba su gestión, la incorporación a estas actividades de numerosos indianos, que, así, aportaron su esfuerzo al espléndido desarrollo de nuestras entidades y empresas.
En marzo de 1950, don Saturnino Briz Larín renunció al cargo de presidente del Consejo de Administración del Banco de Santander y a otros puestos en los Consejos de diferentes Sociedades. Tenía entonces 85 años, y su estado de salud le impedía desarrollar como él desearía las actividades que, incansablemente, desplegó durante más de veinticinco años.
Al cesar, el Banco de Santander le rindió un emocionante homenaje, nombrándole presidente de honor.
La muerte de don Saturnino Briz constituye una gran pérdida para la Montaña y para su región natal, Liébana, pues ha sido en estos últimos tiempos una de las personalidades de mayor relieve.
Siempre le caracterizó su ejemplar modestia y su vida sencilla y austera, granjeándose las simpatías y el afecto de todas las clases sociales.
Al funeral celebrado ayer en Santa Lucía y a la conducción del cadáver, se asoció lo más representativo de Santander y numerosas personas que rindieron homenaje póstumo al ilustre montañés.
Unimos nuestro pésame a los muchos testimonios de condolencia que están recibiendo su hija, doña María Jesús, su hijo político. don Rafael Calvo; sobrinos y demás distinguida familia, rogando a nuestros lectores encomienden a Dios en sus oraciones el alma del finado».
Espinama ha puesto su nombre a la plaza principal del pueblo, la situada junto a la Casa Rectoral y la carretera.